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domingo, 23 de noviembre de 2014

Offtopic: Arqueología al estilo Yachay tech



Debido a lo sucedido en el campus de la ciudad del conocimiento el día 8 de noviembre del 2014, los estudiantes de la clase de Expresión Oral dictada por Simone Belli emprendieron el encuentro con dicho hecho: Osamenta humana en el subsuelo de Yachay. La excursión empezó en el salón de clase y culminó en el lugar donde afortunadamente ya se encontraban los expertos en materia, arqueólogos que meticulosamente trataban el área. Para situarse geográficamente, Yachay se encuentra en el cantón Urcuquí, provincia Imbabura al norte de Ecuador se caracteriza por su población indígena, afro-ecuatoriana que se especializan en la agricultura y producción textil.
 
Automóviles parqueados cerca a las residencias estudiantiles por Airina Torres

El día estaba un poco nublado a pesar de que eran las 11:30 am, iniciaba la clase de Expresión Oral y simultáneamente el paralelo C se liberaba del estrés de la anterior clase de Algebra Lineal, el docente Simone Belli ingresa al salón muy afanado por explicar el nuevo tema: Investigación Etnográfica, esto era importante ya que en Yachay se había dado un suceso poco común que era el encuentro de partes de la osamenta de un ser humano, esto llenó de muchas expectativas a la comunidad universitaria por lo que el equipo de arqueólogos se  hicieron cargo en cuanto fueron informados. Así pues casi todos los estudiantes tomaron sus agendas, lápices, celulares, cámaras entre otros recursos para dar cuenta de cada detalle antes, durante y al final de la visita.



Dos árboles peculiares por Airina Torres
El grupo y la persona que conocía el lugar específicamente, descendieron por las gradas del edificio: Antiguo Ingenio Azucarero y empezaron a caminar por el sendero natural que dirige a los edificios nuevos, en el transcurso se podía escuchar sonidos de las pisadas, conversaciones entre los estudiantes con grandes y temerosas ideas, el cantar de las aves, el viento soplaba fuerte. Había tres arboles idénticos y se apreciaba una gran montaña. A medida que se llegaba al lugar se escuchaban a los obreros dar golpes con sus martillos, camiones haciendo sus descargas de material de construcción, aproximadamente diez carros parqueándose, la aplanadora con un sonido bastante fastidioso; para completar, el bus de Yachay haciendo el retorno esparció polvo por doquier.




Panorámica por Airina Torres
Antes de llegar al lugar, se dieron indicaciones para llevar a cabo la visita de manera correcta; Simone Belli fue enfático en no acercarse a más de dos metros de distancia, esto alimentó la curiosidad. Al fondo se podía observar como los dos hombres excavaban y limpiaban el espacio donde se encontraban los huesos. Más lejos, un hombre caminaba con sus dos caballos. Este espacio estaba despejado, muy poca vegetación in situ a comparación de los alrededores, el suelo estaba erosionado por la lluvia, muy profundas eran las cárcavas que sea habían creado, el clima era un poco más cálido pues ya era el medio día, los zancudos asediaban, a pesar de que ninguno tenía la ropa adecuada para esta expedición, existía la disposición mayoritaria para participar.

Lugar del hallazgo por Airina Torres
Al poder acercarse el grupo, se presentaron los arqueólogos de la Ciudad del Conocimiento: Byron Camino, de origen ecuatoriano y Tomas Cordero español, se notaba por su acento, personas muy carismáticas y profesionales. Byron vestía ropa de explorador, decía que era una especie de Indiana Jones, con dos pares de gafas y su instrumento a la mano todo el tiempo, con un gesto en las manos, inició una historia general describiendo que esto era un “Hallazgo ocasional, donde se encontraban tres esqueletos, para lo cual tuvieron que cavar y registrar cada parte”. Seguidamente, hizo una descripción geográfica de la zona y en paralelo su compañero Tomas retiraba la tierra haciendo sonidos con su pequeña pala, así fue como señalando con su mano indicó el cerro de San Eloy, Pucará (zonas arqueológicas), Lago San Pablo, Volcán Imbabura y mama Cotacachi y El Chalet (actual casa del rector de Yachay tech).


Byron Camino, habló sobre las fases para realizar un estudio arqueológico: 1. Diagnóstico (estudio bibliográfico); 2. Protección de la zona y  reconocimiento; 3. Excavación para el rescate de la osamenta; 4. Monitoreo (actividad humana, infraestructura). La zona estaba delimitada mediante una cuerda en forma de rectángulo, sujeta por cuatro clavos. Él usaba la brocha para limpiar alrededor y mostrar al público, mientras que daba las gracias a los estudiantes que reportaron el hecho, sin embargo pidió que se hiciera buen uso de las palabras ya que se podría prestar para interpretaciones negativas. Al seguir las fases en este lugar, el arqueólogo encontró las muestras a 2 metros de profundidad, probablemente arrastradas por el agua de la lluvia ayudada por la pendiente que tiene este campo. Finalizó sus ideas haciendo un recuento histórico, habló de Jacinto Jijón y Caamaño (1780) antiguo arqueólogo que realizó aportes reconocidos, José Echeverría y María Moreira.

Lugar del hallazgo por Airina Torres
Finaliza el sonido de la pala y Tomas, el arqueólogo español, de vestimenta casual y muy descomplicado, empieza a dar pautas: 1. Se debe documentar la zona: historia, etnografía. 2. Tener en cuenta qué material constituye el suelo del lugar a estudiar. 3. Cualquier trozo de un elemento, como una vasija, olla entre otros es de gran utilidad.  Posteriormente, Byron toma la palabra y dice “Una vez determinaron qué sustancia bebian en una comunidad indígena, debido al almidón que se encontraba aún en la vasija que encontraron los arqueólogos, así se dieron cuenta que funcionaba como alucinógeno”. Luego mostró al grupo las partes del esqueleto que habían encontrado en Yachay, con el cráneo pudieron determinar el sexo masculino, debido a una protuberancia que tienen los hombres en la parte de atrás; con los dientes determinaron que era de raza indígena ya que sus dientes eran en  forma de pala al contrario que los europeos que los tienen lineales,  además por el desgaste estimó que tenía alrededor de 38-40 años.


Se acercaba la 1:00pm, el viento volvió con la misma intensidad que al principio, empezó la ronda de preguntas de la cual participaron cerca del 10% del grupo, entre las respuestas de Byron y Tomas se obtuvieron ciertos datos: esta muestra ósea ya no sirve para hacerle estudios con Carbono-14 porque ya está contaminada y tienen impacto humano; además, en Ecuador si existe un laboratorio y un estudio con este elemento oscila entre  $300 – $400. Las vasijas encontradas en este espacio no pueden dar mayor información arqueológica ya que no tienen curvaturas o formas que den una idea para realizar un modelo en 3-D.  El cuerpo encontrado estaba sobre su brazo derecho, mirando hacia el volcán Imbabura y ese lugar probablemente no era una tumba, dijo Byron. 

Materiales como vailejos, GPS´s, cámara, papel, cinta métrica, soga, piola, hacían parte de su visita. Byron Camino dijo: “A los arqueólogos nos hace falta todo, nunca nos sobra nada” por eso hay que recolectar cada parte por pequeña que sea, realizar mapas de ubicación, señalar, fotografiar, entre otros. Contaron la historia de “Capaucha”  en la cual se dice que asesinaban niños para ofrendar a los dioses de los indígenas, por lo que en estas zonas se encuentran muchos esqueletos jóvenes.

Finalmente terminaron diciendo que la arqueología se nutre de todas las ciencias, que ahora hay muchos métodos avanzados tecnológicamente como: electromagnético o térmico, para observar por debajo del suelo… luego hace un movimiento con la pala sobre la tierra y dice Byron “La arqueología es ésto, jugar en la tierra”, como para hacer referencia que igual se necesita hacer la excavación y tener contacto físico. Así pues ya era la 1:10 pm hora de almuerzo para algunos estudiantes y para los demás clase de inglés, todos retornaron excepto el profesor que se quedó con los arqueólogos. Con la despedida quedaron recomendaciones para próximos eventos similares, contactos, emails, una excelente experiencia y mucha hambre.
 
Correctores: Keila Gómez  Entre el cerebro y el corazón
                    Alex Jamet 

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