Los sentidos pueden representar un
primer acercamiento al quehacer científico. Sin embargo, la historia nos ha
demostrado que éstos no constituyen la mejor manera de hacer ciencia desde el
punto de vista de lo que conocemos como Método científico. A continuación, se presenta
una breve descripción de cómo nuestros sentidos pueden ser inadecuados en la
descripción del entorno que nos rodea.
Para describir de manera más
precisa lo expresado anteriormente, podemos usar el ejemplo del sentido del
tacto como instrumento de medición de temperaturas. Específicamente, cuando se
tienen dos recipientes que contienen agua a temperaturas distintas, una
caliente y otra fría y, por un intervalo de tiempo se introduce la mano derecha
en el recipiente con agua caliente y la otra en el de agua fría, nuestro
cerebro recibe una señal clara de la diferencia de temperaturas. Sin embargo,
si a continuación colocamos ambos manos, de manera simultánea en un tercer
recipiente que contiene agua a una temperatura intermedia respecto a los dos
anteriores, nuestro cerebro recibirá señales contradictorias pues, para la mano
que teníamos en el recipiente con agua fría, este nuevo contenedor estará a una
temperatura mayor mientras que para la otra mano, la nueva temperatura será
menor. De esta manera, se puede justificar la necesidad de utilizar un
instrumento de medición, cuya lectura sea independiente de nuestro estado de
ánimo, bagaje cultural y/o historia vivida.
Algo similar puede ocurrir con el
sentido de la visión en el caso del fenómeno denominado “espejismo” en el cual observamos
la ubicación de los objetos en posiciones distintas a las que ellos se
encuentran ubicados realmente. Esto ocurre por los fenómenos de reflexión y
refracción de la luz, los cuales está asociados al hecho de que el coeficiente de refracción del aire depende
de la temperatura, y como el aire puede estar a distintas temperaturas, los
rayos de luz provenientes de los objetos que miramos en estas condiciones, se
desvían de la trayectoria recta que éstos tendrían en condiciones de
temperatura uniforme. De manera análoga se pueden encontrar ejemplos
relacionados con nuestros otros sentidos corporales. Es por ello que a pesar de que nuestros
sentidos pueden representar una primera aproximación a la descripción de la
naturaleza, los mismos establecen un marco de referencia de nuestras limitaciones
que como seres humanos poseemos. De esta manera, uno puede inferir que aunque
los sentidos son en la vida cotidiana nuestros mejores instrumentos para tener
una impresión del mundo que nos rodea, desde un punto de vista científico
pueden ser interpretados como instrumentos burdos para describir los diversos
fenómenos naturales.
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| Marie Curie & Pierre Curie |
En particular, se puede mencionar
un caso extremo como el ocurrido a Madame Curie, quién fue una científica muy
importante en el descubrimiento del fenómeno de la radioactividad. Ella murió
de cáncer debido a que, por falta de conocimiento de los efectos de decaimiento
radioactivo de ciertos elementos químicos, utilizó sus sentidos de la visión y
el tacto para “jugar” con sustancias que, en la actualidad, son considerados de
manipulación delicada por sus efectos nocivos en nuestra salud. A pesar de
ello, sus esfuerzos investigativos han tenido un impacto considerable en
nuestra vida cotidiana como, por ejemplo, en el tratamiento con radiación de
pacientes con cáncer. Así, aunque sus sentidos le condujeron a situaciones de
riesgo, que al final le produjeron la muerte, sus descubrimientos han
contribuido a salvar vidas y/o mejorar la calidad de vida de muchos pacientes
de una enfermedad tan grave como el cáncer.
A lo largo de la historia muchos
estudiosos se han abocado a analizar el impacto del desarrollo tecnológico en
el mejoramiento de la calidad de vida de las personas mediante la innovación y desarrollo de nuevos instrumentos que
permitan extender la idea de porqué nuestros sentidos no son suficientes para
hacer una buena descripción del universo que nos rodea. Es así como filósofos de
renombre tales como Albert Einstein o Karl Popper, uno mediante la propuesta de
desarrollo de la energía atómica y el otro desde una perspectiva filosófica de análisis
de las limitaciones de nuestros sentidos, nos han permitido sentar una base
sólida de la necesidad de continuar en la senda de desarrollo de conocimiento
por y para la humanidad.
Como conclusión podemos indicar
que aunque nuestros sentidos constituyen una primera “ventana” para observar y
caracterizar nuestro entorno, éstos son una manifestación de la limitación
humana para realizar de manera apropiada dicha descripción. A pesar de ello, es
claro que los mismos siguen siendo en muchos casos una guía para, en primera
aproximación, establecer un contacto expreso con el mundo que nos rodea.

